domingo, 2 de mayo de 2010

A UN JOVEN AMIGO MUERTO

A quien aman los dioses muere joven. Ese fue tu caso, amigo del alma.
Construiste tu vida con mucho esfuerzo, progresando peldaño a peldaño.
Una vida breve en el tiempo, pero intensa en generosidad.
¡Inesperada y súbita, para ti, muerte, fue mucho más fácil!
No importa cuánto duró tu vida, sino lo mucho que hiciste con ella.
Tu muerte, tan sentida, nos demuestra que eras digno de vivir.
¡Despiadada, muerte, tronchaste el tallo joven y vigoroso!.
Fuiste un joven afortunado, porque nada en la vida te fue fácil.
Tuviste el privilegio de regalarnos una vida ejemplar.
¡Caprichosa, muerte, ignoraste otras ramas vencidas y débiles!
Tu vida, joven amigo, se halla dividida en dos fases.
Los treinta y cinco años de tu presencia forman la primera.
La segunda dura ya medio siglo en nuestra memoria colectiva.
¡Muerte, egoísta, elegiste un trofeo muy valioso!
Para nosotros, joven amigo, duermes un sueño sagrado.
Nunca diremos que has muerto.