domingo, 2 de mayo de 2010

A UN JOVEN AMIGO MUERTO

A quien aman los dioses muere joven. Ese fue tu caso, amigo del alma.
Construiste tu vida con mucho esfuerzo, progresando peldaño a peldaño.
Una vida breve en el tiempo, pero intensa en generosidad.
¡Inesperada y súbita, para ti, muerte, fue mucho más fácil!
No importa cuánto duró tu vida, sino lo mucho que hiciste con ella.
Tu muerte, tan sentida, nos demuestra que eras digno de vivir.
¡Despiadada, muerte, tronchaste el tallo joven y vigoroso!.
Fuiste un joven afortunado, porque nada en la vida te fue fácil.
Tuviste el privilegio de regalarnos una vida ejemplar.
¡Caprichosa, muerte, ignoraste otras ramas vencidas y débiles!
Tu vida, joven amigo, se halla dividida en dos fases.
Los treinta y cinco años de tu presencia forman la primera.
La segunda dura ya medio siglo en nuestra memoria colectiva.
¡Muerte, egoísta, elegiste un trofeo muy valioso!
Para nosotros, joven amigo, duermes un sueño sagrado.
Nunca diremos que has muerto.

domingo, 25 de abril de 2010

CARTA DE UN REENCARNADO

Habíamos alcanzado la plenitud. O eso creíamos, amor. Años de esfuerzo, asumidos con la ilusión de un buen futuro. Por fin, nos habíamos posicionado. Nuestros tres hijos encauzados en sus estudios y trabajos. Nuestra economía suficientemente holgada. Autocomplacencia mutua con los éxitos profesionales logrados. Vivíamos la tranquilidad de los guerreros que ya han ganado suficientes batallas.


Y de pronto la noticia. Increíble. Perturbadora. Con tus más de cuarenta años, estabas embarazada de nuevo. Inaudito. Desconcertante. Nos hundíamos en una sima inesperada, donde ya no habría libertad, ni viajes, ni la comodidad bien ganada. Para mi volver a empezar me cogía ya en la cincuentena.¡ Vaya marrón que nos había caído ¡.

La pesadumbre de aquellos primeros días, se trastocó en una expectativa desconocida cuando vi parpadear un lucero en tu vientre. En los embarazos anteriores no se hacían ecografías. Ahora la tecnología permitía explorar tus entrañas. Me quedé pasmado cuando un puntito me saludó, brillando, latiendo en tu regazo. Era el fruto de nuestro amor maduro, que venía a transformarnos, a quebrar los acomodos, rutinas, egoísmos. De repente aquel lucerito iluminó mi ser y multiplicó por mil mi amor por ti.

La gestación no te fue ni fácil ni cómoda. Pero tu paciencia, cuidados y sacrificio dieron su fruto. Una muñequita preciosa, sietemesina, que no llegaba a los dos kilos de peso. Era como un niño Jesús de porcelana, que nos traía una nueva vida, un punto de inflexión para toda la familia. Esa muñeca fue creciendo rodeada del embeleso de sus hermanos, de la inexperiencia de padres novatos en biberones asépticos, pañales de un solo uso y potitos multivitaminados.

Para mí, que ya había llegado a la cúspide de mi carrera y estaba de vuelta de tantas cosas, empezaba una nueva existencia. Lo que no había hecho antes con nuestros hijos, por darle prioridad al trabajo, constituía ahora una dedicación deliciosamente esencial. Ir al colegio a recoger las notas, hablar con los profesores, viajar por el mundo con ojos de niña, oír los conciertos del coro colegial… Descubrir tantas cosas simples y bellas que me había perdido en mi vida anterior.

Gracias por haber gestado este ser. Gracias por este regalo tardío. Gracias por esta segunda oportunidad para tener nuevas ilusiones, nuevos descubrimientos.

Según el Registro Civil solo tengo una vida, pero te aseguro que ésta es la carta de un reencarnado.

domingo, 14 de marzo de 2010

EL GRAN BAILE

Mis manos están heladas. Son la única parte de mi cuerpo no cubierta. El traje de neopreno, el equipo de buceo con tubo y las aletas cubren el resto. Es la primera vez que me visto así y me siento bien dispuesto al tiempo que excitado. Soy un novato, no, aun mejor, soy como una debutante preparándose para el Gran Baile, repaso las costuras del traje, cierro nervioso las cremalleras, me ajusto prietos los belcros de tobillos y muñecas.
- La salida es de tres horas y le reembolsaremos su dinero, si no conseguimos que nade con delfines- me ha confirmado la guía.
Mal sentado en la pequeña plataforma del barco, con las piernas en el agua, espero la señal del monitor para saltar al océano. Mi corazón está ardiendo y late a velocidad supersónica. Me siento inexperto, respiro mal por aquel tubo, el traje me aprisiona ¡Ya la señal ha sonado!, ya estoy en medio de la manada de delfines, rodeado por un torbellino de animales. Siento indefensión y miedo.
Ahora tengo que moverme con suavidad, atrayendo su interés, buscando una pareja para el baile. ¡Ya la tengo!¡ Ya la tengo! Mi pareja está girando a mí alrededor, trato de tocarla, casi lo logro, pero se me escapa, se me va….Me giro rápido y vuelve, vuelve a rodearme, me rio y me ahogo porque me he olvidado de respirar. Soy un patoso principiante en este Gran Baile. Le pido perdón mentalmente, porque estoy seguro que me entiende y puede que me disculpe. La próxima vuelta bailaré mejor, ahora enséñame el ritmo del vals marino. Esta vez me acompaso mejor, estoy aprendiendo rápido.
- Cuando suene la sirena regresen inmediatamente al barco, porque navegaremos a otro emplazamiento, buscando otra manada. Naden rápido por favor- ha ordenado el monitor.
Me encuentro en un universo ingrávido, extraño para mí, inseguro pero feliz, un poco nostálgico de haber perdido mi pareja iniciática. Pero aun me quedan dos inmersiones más. Ya no siento ni el frio, ni los latidos del corazón. Estoy de nuevo en el océano, pero esta vez no veo ningún delfín hasta que un compañero me señala a mi espalda. Me giro y allí están otros delfines o los mismos. Busco mi pareja, hago ruido en mi cerebro para llamar su atención. ¡Ya la tengo! ¡Ya la tengo! . Me giro, me pasa rozando, vuelve a rozarme. Yo diría que esta vez quiere que bailemos un tango. Me ahogo porque del embeleso se me olvida respirar. Trago agua, no sé seguir bien el compas. Aunque soy un patoso, me sumerjo de nuevo y busco y me giro y bailo…
- Es un deporte de jóvenes, pero si es buen nadador y tiene fuerza en los brazos para ascender al barco, no hay ningún riesgo- me había explicado la vendedora del tour.
Adiós, pareja, gracias por este Gran Baile, el primero y el último. Gracias por jugar con este patoso, mayor, en las antípodas de mi país. Vuelve a sonar insistente la sirena del barco. Ya no me importa que sea una premonición.

sábado, 6 de marzo de 2010

VIAJANDO A CIEGAS CON EL OIDO

Gracias a mi chache llevo ya medio siglo navegando por un universo maravilloso donde no existe ni el espacio ni el tiempo. Todo se inició en la primavera de 1961, un domingo por la mañana en la sala del Monumental en Madrid. Mi hermano mayor, mi chache, me llevó a un espectáculo en el que me explicó que no veríamos ni una película ni una obra de teatro, ni siquiera tendría argumento. En el escenario había un ejército de señores emperifollados, portando un sinnúmero de raros instrumentos, dispuestos a seguir las órdenes de una persona de pie en una peana.


Me aconsejó que cerrara los ojos y con la mente en blanco, me dejara llevar por mis sensaciones. Así empezó mi despegue a oscuras para un viaje iniciático, con mi mente hueca y mi sentir abierto. De improviso me noté ingrávido, sin cuerpo, volando libre como un pájaro. Después me enteré que eran los violines los que me impulsaban a subir, planear, bajar, volver a subir, sin ningún esfuerzo , sin ninguna restricción , por un universo nuevo sin límites.

Y de pronto me noté sumergido en un abismo profundo, como un agujero negro, donde experimenté un torbellino de sensaciones agridulces. Pasaba de la soledad a la depresión más triste, de la esperanza a una alegría desbordante. Eran sensaciones entrelazadas en aquel viaje a oscuras, sensaciones que me penetraban hasta el tuétano de mis entrañas.

No sé si pasó un minuto, una hora, un día, yo había perdido la noción del tiempo y tampoco sabía en qué espacio vagaba. Ahora podía ser como Alicia, tras pasar el cristal, entrando en un universo mejor, donde me sentía liberado, sin fronteras de tiempo ni de espacio.

He seguido a lo largo de mi vida buscando momentos para mis viajes iniciáticos por ese universo, sumergiéndome en las maravillas producidas por las cuerdas, los contrastes de las maderas, la energía de los metales, el refuerzo de la percusión. Ahora, medio siglo después, la física cuántica nos explica que nuestro cuerpo es energía, átomos, frecuencias, ondas, en un universo sin espacio ni tiempo. Eso nos aclara por qué es tan lógico que recibamos, interpretemos, sintonicemos, con las ondas y frecuencias armónicas producidas por instrumentos occidentales o por cuencos tibetanos o por bongos africanos. Da igual con qué. Solo somos energía, células que se comunican entre sí transformando energía.

Los descubrimientos de la física cuántica insisten machaconamente que el universo real es solo energía. Este mundo, el que vemos con objetos, el que sentimos con nuestros cuerpos físicos, es una ficción fantasmagórica, elaborada por los filtros de nuestros sentidos, es una elaboración virtual con los códigos de comunicación de nuestra mente.



Me siento feliz en mis viajes iniciáticos por este universo, que no mide el tiempo porque es eterno y donde no cuenta el espacio porque es infinito. Este universo es con certeza el Paraíso prometido, al que solo se puede acceder de forma permanente en un viaje sin retorno. Un viaje que requiere despojarnos de nuestro pellejo corporal, liberarnos de este traje de neopreno que esconde nuestra energía pura, energía que ni se crea ni se destruye, que solo se transforma. Un viaje al disfrute eterno que llamamos muerte, cuando realmente es liberación y vida.

Entretanto llega ese tránsito definitivo, que espero con templanza, seguiré con mis viajes iniciáticos, navegando ingrávido por el universo sin límites de ondas y frecuencias, con el solo objetivo de disfrutar el placer del arte más sublime e inmaterial que existe.

Para esa navegación hay que entrar, como Alicia atraviesa el espejo, con una clave, con un password: el oído, con la mente en blanco.

sábado, 20 de febrero de 2010

BUCEANDO POR RECUERDOS DE INFANCIA Y MAS ALLA

El día y año que yo nací vieron tambien la primera luz Blancanieves de Walt Disney y Jane Fonda.¡Hay mujeres que ni envejecen ni necesitan silicona ni lifting!.Yo, aunque estoy bastante bien conservado, no sé si podré bucear a esas profundidades de la memoria solo a pulmón y tubo con gafas. De esa inmersion profunda, de más de setenta años, voy a recuperar el tesoro de mis recuerdos de infancia.  Para ir mas allá como pretendo, voy a necesitar la botella de oxigeno, escrita o contada, de mis ancestros. Meterme en esas profundidades, en ese agujero negro donde todo me es   desconocido, constituye un reto que me impongo porque en ese abismo estan las raices de mi familia. Espero lector que supervivamos juntos a la descompresion de vuelta a la superficie, al hoy. Esa es la aventura que me, nos, propongo

domingo, 14 de febrero de 2010

EL DÍA EN QUE TERMINÉ DE LEER MI PRIMER LIBRO

Como mi familia estaba apretada de dinero, yo no tenía los juguetes buenos de mis amigos Carlos y Fede. Por eso me aburría mucho en casa, donde mi madre me perseguía con las cartillas de cuentas o de escritura, si no me mandaba a hacer algún recado. A mi lo que mas me gustaba era jugar en la calle con mis amigos a las chapas o a polisyladrones y cuando había chicas a tulallevas.

Lo mas importante que recuerdo fue la visita de mi tío Sebastian, que era viajante de joyería y por tanto el rico de la familia. Además era muy simpático y generoso, quizás porque era gordo y andaluz.Como yo ya había aprendido a leer, mi tío Sebastian me regalo un libro muy ,pero que muy, gordo. Yo hubiera preferido unas botas de fútbol con tacos y puntera reforzada como las de Fede o un mecano como el de Carlos para hacer grúas y camiones, aunque tuviera menos piezas. Pero como decía mi abuela a-caballo-regalado-no-le-mires-los-dientes. Aunque en este caso no era un caballo,¡ que más quisiera yo!, sino un libro y en lugar de faltarle dientes le sobraban muchisssimas hojas.

Lo peor vino después con el libro. Mi madre me impuso un castigo para dejarme salir a jugar a la calle cada día. Tenia que leerle en voz alta al menos tres paginas de aquel librote gordisimo. Se trataba de un naufrago, un tal Robinson y un salvaje Viernes en una isla solitaria. Asi que por obligación me fui metiendo en las aventuras de aquella pareja.

La sorpresa fue para mi madre cuando, poco a poco, empecé a no pedirle irme a la calle al llegar al fin de mi dosis diaria de tres paginas. La verdad es que, además de la calle con mis amigos Carlos y Fede, yo fui descubriendo una isla maravillosa con otros dos amigos Robinson y Viernes con los que me lo pasaba muy bien.

El día en que termine de leer mi primer libro, tome una decisión. Iba a ahorrar de mi escasa paga semanal. Tendría que renunciar a acabar la colección de cromos o al chicle bazoka americano o al programa doble de pelis algún jueves o a lo que fuera. Tome una decisión firme de ahorrar.
Y así, con muchísimos sacrificios, llego por fin el día en que con mis ahorros compre por fin mi primer libro, bueno en realidad el segundo. Pero, bueno, esa es otra historia.

viernes, 5 de febrero de 2010

Bienvenidos a mi blog


Para sumergirse en la CHARCA CREATIVA hay que volver a la infancia, cuando no teníamos limites, ni estaba castrada nuestra imaginación.

Necesitamos un marco de referencia para posicionarnos en la actitud creativa:

  • Crearnos nuestro rincón,
  • Elegir el horario de la fertilidad,
  • Imponernos una disciplina de trabajo.
  • Con masajeo mental diario iremos cogiendo músculo para crear y nos llegará la INSPIRACIÓN.

¡Que así sea! Amen