Mis manos están heladas. Son la única parte de mi cuerpo no cubierta. El traje de neopreno, el equipo de buceo con tubo y las aletas cubren el resto. Es la primera vez que me visto así y me siento bien dispuesto al tiempo que excitado. Soy un novato, no, aun mejor, soy como una debutante preparándose para el Gran Baile, repaso las costuras del traje, cierro nervioso las cremalleras, me ajusto prietos los belcros de tobillos y muñecas.
- La salida es de tres horas y le reembolsaremos su dinero, si no conseguimos que nade con delfines- me ha confirmado la guía.
Mal sentado en la pequeña plataforma del barco, con las piernas en el agua, espero la señal del monitor para saltar al océano. Mi corazón está ardiendo y late a velocidad supersónica. Me siento inexperto, respiro mal por aquel tubo, el traje me aprisiona ¡Ya la señal ha sonado!, ya estoy en medio de la manada de delfines, rodeado por un torbellino de animales. Siento indefensión y miedo.
Ahora tengo que moverme con suavidad, atrayendo su interés, buscando una pareja para el baile. ¡Ya la tengo!¡ Ya la tengo! Mi pareja está girando a mí alrededor, trato de tocarla, casi lo logro, pero se me escapa, se me va….Me giro rápido y vuelve, vuelve a rodearme, me rio y me ahogo porque me he olvidado de respirar. Soy un patoso principiante en este Gran Baile. Le pido perdón mentalmente, porque estoy seguro que me entiende y puede que me disculpe. La próxima vuelta bailaré mejor, ahora enséñame el ritmo del vals marino. Esta vez me acompaso mejor, estoy aprendiendo rápido.
- Cuando suene la sirena regresen inmediatamente al barco, porque navegaremos a otro emplazamiento, buscando otra manada. Naden rápido por favor- ha ordenado el monitor.
Me encuentro en un universo ingrávido, extraño para mí, inseguro pero feliz, un poco nostálgico de haber perdido mi pareja iniciática. Pero aun me quedan dos inmersiones más. Ya no siento ni el frio, ni los latidos del corazón. Estoy de nuevo en el océano, pero esta vez no veo ningún delfín hasta que un compañero me señala a mi espalda. Me giro y allí están otros delfines o los mismos. Busco mi pareja, hago ruido en mi cerebro para llamar su atención. ¡Ya la tengo! ¡Ya la tengo! . Me giro, me pasa rozando, vuelve a rozarme. Yo diría que esta vez quiere que bailemos un tango. Me ahogo porque del embeleso se me olvida respirar. Trago agua, no sé seguir bien el compas. Aunque soy un patoso, me sumerjo de nuevo y busco y me giro y bailo…
- Es un deporte de jóvenes, pero si es buen nadador y tiene fuerza en los brazos para ascender al barco, no hay ningún riesgo- me había explicado la vendedora del tour.
Adiós, pareja, gracias por este Gran Baile, el primero y el último. Gracias por jugar con este patoso, mayor, en las antípodas de mi país. Vuelve a sonar insistente la sirena del barco. Ya no me importa que sea una premonición.
SOMOS ESCRITORES, SOMOS AMIGOS
Hace 15 años
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